Evidencia Neurobiológica

Hoy en occidente se han realizado significativos avances en el estudio neurobiológicos de los pensamientos y los afectos. Mediante técnicas como la neuroimagen y el procesamiento computarizado de señales electroencefalográficas, en los últimos 20 años la neurociencia ha ido desarrollándose como disciplina, permitiendo comprender cuál es el correlato neurofisiológico de experiencias cada vez más sutiles, como la experiencia de estar en un estado de alerta y atención sostenida y entrenada, como la que busca desarrollar el mindfulness.
Algunos estudios resaltan los aportes que puede realizar la práctica del mindfulness al bienestar y al equilibrio emocional, por ejemplo:

Siegel (2007) ha realizado la distinción entre procesos neurológicos de arriba-abajo y de abajo-arriba. Los primeros (arriba-abajo) se refieren a cuando el individuo filtra la percepción de la realidad, mientras que el proceso inverso (abajo-arriba) describe el ingreso de información “fresca”  desde los órganos sensoriales. Los procesos de arriba-abajo, si bien poseen un innegable valor adaptativo y de supervivencia crean predicciones y esclavizan la interpretación de la experiencia, no permiten la novedad e interpreta la realidad en base a patrones ya conocidos, en cambio los procesos de abajo-arriba  amplían los matices de la experiencia, ya que se tiene acceso con más nitidez de los sentidos. El mindfulness favorece estos procesos de abajo-arriba, favoreciendo la llegada de mayor riqueza
Estudios señalan también que el mindfulness era capaz de provocar la lateralización a la izquierda de la activación cerebral (Simón, 2007). Davidson y cols. (1999) confirmaron que las personas con una mayor activación del lado derecho, mostraban niveles inferiores de función basal de las células asesinas y además, que durante el periodo de exámenes finales mostraban una disminución de las respuestas de las células asesinas.

También se han descubiertos efectos beneficiosos a nivel de sistema inmunitario.  En el estudio de Davidson  ya citado (2003), todos los sujetos  del estudio (meditadores y no meditadores) recibieron una vacuna antigripal. Entre la 4ª y la 8ª semana de la administración de esta vacuna, se midieron los niveles plasmáticos de anticuerpos de los sujetos y se encontró que  aunque todos ellos experimentaban incrementos en dichos niveles, los sujetos pertenecientes al grupo de meditadores tuvieron incrementos significativamente mayores que los sujetos del grupo control. La meditación potenciaba por tanto la producción de anticuerpos. Estos hallazgos abren la posibilidad de poder estudiar con mayor detalle a influencia positiva que se podría entregar al sistema inmunitario, por ejemplo pensar en los efectos en enfermedades autoinmunes, infecciones, procesos tumorales, etc. Hoy al menos está validada la influencia del mindfulness en la producción de anticuerpos.

Finalmente, en trabajos  desarrollados por Sara Lazar y col. (2005) trabajó y demostró la existencia de cambios estructurales en el cerebro con la práctica de la meditación. Estudió los cerebros de 20 voluntarios occidentales que poseían una amplia experiencia (unos 9 años de promedio) en Insight Meditation. El resultado más destacado es que en ciertas zonas del cerebro de los meditadores existía un grosor mayor de la corteza cerebral (comparado con los sujetos del grupo control) las zonas ampliadas fueron la ínsula del hemisferio derecho (asociada  a la actividad interoceptiva y a la consciencia de la respiración) y la corteza prefrontal también derecha (áreas 9 y 10 de Brodmann) que se asocian claramente a la atención sostenida. Según Simón (2997) Este trabajo de Lazar y cols. demuestra que la experiencia de mindfulness, no sólo provoca cambios funcionales transitorios, sino que también deja huellas estructurales en el cerebro. Lo que significa que, si la experiencia es suficientemente prolongada, produce cambios de rasgos y no meramente de estado.